Beethoven en el Parque Araucano,bajo las estrellas

La Novena Sinfonía de Beethoven fue presentada hoy en el Parque Araucano, y aprovechando que la entrada era gratuita (o “liberada”, como dirían aquí), fui a escucharla.


A las ocho de la noche llegué con mi madre y hermana, al estacionamiento del mall Parque Arauco, que está justo enfrente. Atravesamos la calle Cerro Colorado y ya se escuchaba una música, talvez estaban afinando un poco algunos instrumentos.
El escenario frente a esos arcos llenos de flores, donde hay una pequeña fuente; cuatro pantallas gigantes y muchos, muchos asientos que ya habían sido ocupados en su mayoría.

Decidimos sentarnos y todavía había bastante luz del sol (recordemos que es verano aquí) así que aproveché para tomarle algunas fotos al folleto que nos dieron, en donde viene una pequeña biografía del buen Ludwig Van Beethoven, un párrafo acerca de la Novena Sinfonía, los datos de los -excelentes- solistas y la Orquesta Filarmónica de Santiago, que interpretaron de forma excelente este clásico.

Después de varios minutos, todos los asientos se ocuparon, así que la gente comenzó a sentarse en el piso, pues nadie quería perderse algo tan bello. Bebés llorando, gente caminando buscando lugares o tomando fotos y un perro corriendo como desesperado por todos lados.

Comenzó el concierto y ya el sol se había ocultado bajo los árboles del parque y sólo se veía el cielo iluminado a lo lejos. El escenario perfecto para escuchar esto en un buen fin de semana.

Aproximadamente en el segundo movimiento (no conozco bien los términos, aen el cielo, mientras que el lugar estaba a reventar (hicieron una zona cercada dentro del parque para el concierto) y el pequeño can seguía corriendo junto a nosotros como un rayo de vez en cuando.

Aplausos cuando no se debía de aplaudir, más gente tomando fotos, unos camarógrafos (que proyectaban las imágenes en las pantallas gigantes) completamente perdidos y talvez la falta de dos bocinas a la mitad del lugar fueron los únicos “peros” para este evento, pues fue impresionante la interpretación de la “Oda” por los solistas, el coro y todos.

De lo que no cabe duda, es que muchos pensábamos (sí, me incluyo) que la Sinfonía termina con esa famosísima parte de la “Oda a la alegría”, talvez precisamente porque es la parte más famosa, para muchos la más bella, y porque la verdad sí se presta para cerrar algo esta sinfonía, pero Ludwig sabe por qué no quiso terminarla así y hay que respetar su decisión.

En fin, como no soy para nada especialista en el tema, diré que terminó el concierto y hubo aplausos, aplausos, aplausos y más aplausos, gente muy emocionada, gente que comenzó a levantarse para seguir aplaudiendo, a la que le siguió el resto del público, “bravos!” y demás signos de admiración.

A la salida, y como era predecible, gente tarareando todavía la “Oda”, otros comentando sobre todo el concierto y esas cosas que generalmente suceden.

La noche terminó perfecta para mí, con una escala rápida en el Parque Arauco (no Araucano) para comprar las siempre presentes hamburguesas del Mc Donald’s. Ahí seguía la fiesta con un dueto cantando en esa pequeña plaza frente al estacionamiento, más allá, en la zona de todos los restaurants y cafecitos, otra banda tocando. Lástima que había que regresar rápido a casa para que no se enfriara la cena (y porque teníamos hambre y mi padre nos estaba esperando).

Según me comentó mi madre, hoy también presentaron El Cascanueces en el centro, y también en Escuela Militar parecía que iba a haber o había ya un concierto cuando pasamos en el carro de ida al parque.

 

 

 

 

 

 

 

 

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